enero 30, 2026

Rapetti: entre el éxito turístico y el caos de los ruidos



¿Viste cuando parece que todo va sobre ruedas pero, al final, siempre hay una piedra en el zapato que te molesta al caminar? Así viene la mano con este balance que hace Eduardo Rapetti sobre lo que nos dejó la temporada en los balnearios de nuestro San José. Según pudimos ver en la cobertura de lasemana.com.uy, los números cierran con una sonrisa, pero el tema de la convivencia se está volviendo un nudo difícil de desatar para los que gestionan el departamento.

Si te das una vuelta por nuestras costas, te das cuenta enseguida de que el movimiento fue intenso. No es solo un decir; se nota en el almacén, en las paradas de ómnibus y en esa hilera de autos que los fines de semana parece no tener fin. Pero claro, cuando llega tanta gente junta, las costumbres chocan. Lo que para un gurí es “pasar bien” con la música al mango, para el vecino que trabajó todo el año y se escapó a Kiyú o a Boca del Cufré es un martirio que le arruina el descanso.

Rapetti pone las cartas sobre la mesa y no esquiva el bulto. El balance es positivo porque el maragato y el turista eligieron nuestras playas, pero hay una tensión silenciosa (bueno, no tan silenciosa) que está creciendo. Hablamos de esos ruidos molestos que ya no son un caso aislado, sino un problema estructural de cómo usamos el espacio público. Y acá es donde la gestión tiene que afinar la puntería, porque si no cuidamos la tranquilidad, estamos matando a la gallina de los huevos de oro.

La realidad es que el turismo en San José está en una encrucijada donde el derecho al ruido de unos pocos está empezando a pisotear el derecho al silencio de la gran mayoría de la comunidad.

El termómetro de una temporada que movió la aguja



Cuando hablamos de balance, tenemos que mirar la foto completa. San José no es solo un lugar de paso; se ha transformado en un destino de peso. Rapetti destaca que la afluencia de público fue constante y eso es oxígeno puro para el comercio local. El “derrame económico” —que básicamente es cuando la plata que trae el turista termina en el bolsillo del carnicero, del que alquila la casa o del que vende helados en la arena— se sintió fuerte este año. Es ese movimiento el que mantiene viva la economía de nuestras zonas costeras más allá de los meses de frío.

Pero no todo es sumar billetes en la caja. El desafío de infraestructura es enorme. Mantener los servicios, la limpieza de las playas y la seguridad cuando la población de un balneario se triplica de un viernes para un sábado, requiere una gimnasia administrativa que a veces queda al límite. Eduardo Rapetti reconoce que se ha trabajado mucho en la logística, pero también sabe que el listón está cada vez más alto. El turista que viene de Montevideo o de otros departamentos ya no se conforma con “sol y arena”; busca servicios y, sobre todo, una experiencia de calidad de vida.

La convivencia en jaque por los decibelios



Acá es donde la cosa se pone espesa. Los ruidos en los balnearios se han convertido en la queja número uno. No estamos hablando de una guitarreada o de gente charlando hasta tarde; hablamos de los “parlantes mochila” o de los autos que son prácticamente boliches con ruedas. Rapetti señala que las tensiones son reales. El conflicto de intereses es claro: por un lado, la juventud que busca su espacio de diversión y, por otro, la familia o el jubilado que busca la paz del sonido de las olas.

¿Cómo se soluciona esto sin ser un “autoritario” pero sin dejar que la zona se vuelva un caos? No es fácil. La normativa existe, pero el control es el gran tema. San José tiene una extensión de costa importante y los inspectores no pueden estar en cada esquina. Sin embargo, el mensaje de Rapetti es que se está buscando un equilibrio. No se trata de prohibir el disfrute, sino de entender que tu libertad para escuchar música termina exactamente donde empieza el derecho de tu vecino a dormir una siesta o a escuchar la radio tranquilo en su porche.

“Es increíble cómo nos cuesta entender que el espacio público es de todos. A veces parece que el respeto se tomó vacaciones largas. Si queremos que San José siga siendo un destino familiar, el orden no es negociable; es la base para que el año que viene esa gente quiera volver.”


Impacto en la comunidad maragata y el medio ambiente



Esto no es solo un tema de “vecinos quejosos”. Esto afecta directamente la marca San José. Si nuestros balnearios se ganan la fama de ser ruidosos o descontrolados, el perfil del turista cambia. Y cuando el perfil cambia hacia uno que no cuida, el medio ambiente también lo sufre. El ruido no es solo aire vibrando; es una forma de contaminación que altera la fauna local y, por supuesto, la salud mental de quienes habitan el lugar de forma permanente. El maragato que vive todo el año en el balneario es el que más padece este desajuste.

Rapetti hace hincapié en que la gestión ambiental va de la mano con la gestión de la convivencia. Una playa limpia no es solo una que no tiene bolsas de plástico, sino una que permite la desconexión del ruido urbano. San José de Mayo, como centro administrativo y corazón del departamento, también siente este impacto. Muchos maragatos viajan a la costa buscando escapar del ruido de la ciudad, y encontrarse con lo mismo —o peor— genera una frustración que las autoridades deben canalizar con políticas claras de zonificación y fiscalización.

El futuro de la gestión estival



Mirando hacia adelante, lo que plantea Eduardo Rapetti es una evolución necesaria. Ya no alcanza con tener los baños limpios y el pasto cortado. El siguiente paso es la gestión inteligente del ocio. Esto implica pensar en lugares específicos para la movida nocturna que no interfieran con las zonas residenciales. Es una “ingeniería social” que requiere diálogo entre la Intendencia, los comerciantes y los vecinos. Si logramos que cada uno tenga su lugar, el conflicto desaparece por peso propio.

La tecnología también va a jugar su partido. Los controles de decibelios y una presencia más activa de la autoridad en horarios críticos son medidas que ya están sobre la mesa. No es por un afán recaudatorio con las multas, sino para poner límites claros. Como dice el dicho: “Cuentas claras conservan la amistad”, y en este caso, “reglas claras conservan el turismo”. San José tiene un potencial enorme para ser el refugio de paz de la región, pero para eso hay que tomar decisiones valientes hoy.

“Al final del día, lo que queda es el esfuerzo de nuestra gente. San José es grande por su hospitalidad y su garra. Sigamos construyendo un departamento donde el progreso no signifique perder la educación y el respeto que siempre nos caracterizó. ¡A seguir adelante, maragatos!”


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